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Una esposa enferma, su más íntima amiga y una joven vecina ocasional forman parte del círculo que rodea al banquero Tony Bream cuando, in extremis, se ve obligado a pronunciar un juramento difícil de aceptar y de cumplir. En virtud de éste, no sólo su futuro queda hipotecado, sino también el de otras personas que quizá desearían no verlo tan comprometido y cuyos actos desembocan, en medio de una densa atmósfera de culpabilidad colectiva, «en una serie de acontecimientos oscuros e infelices... en sufrimientos, peligro y muerte». La otra casa (1896) fue l. a. primera novela que escribió Henry James después de sus infortunados años dedicados al teatro, y de hecho parte de un guión para una obra dramática. Es una de sus piezas menos conocidas, y en muchos sentidos extraordinaria, «un estallido de rabia primitiva que parece irracional e incontrolado», según su biógrafo Leon Edel, pero que el escritor consideraría hasta el fin de su carrera «un precedente, una lucecita divina que alumbra mi paso». En esta historia escalofriante de abismos abiertos bajo l. a. delicadeza de las formas, se cumple una técnica que el mismo texto anuncia: «Lo cierto es que los elementos del drama surgen cuando se comprimen con fuerza y, en algunas circunstancias, parecen invitar más al microscopio que a los gemelos del teatro».

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The Tattooed Girl: A Novel (Oates, Joyce Carol)

Joshua Seigl, a celebrated yet reclusive writer, is compelled for purposes of failing overall healthiness to give up his much-prized bachelor's independence. ads for an assistant, he unwittingly embarks upon the main risky experience of his privileged lifestyles. Alma Busch, a sensuous, bodily beautiful younger lady with strange tattoos overlaying a lot of her physique, stirs in Seigl a posh of feelings: pity?

Zelda: A Biography

Acclaimedbiographer Nancy Milford brings to existence the tormented, elusive character ofZelda Sayre and clarifies as by no means ahead of her courting with F. ScottFitzgerald, tracing the internal disintegration of a talented, despairing womanundone through the conflict among her husband’s profession and her personal expertise. Zelda was once an rapid touchstone forcreatively encouraged readers after its preliminary booklet in 1983; Patti Smithhails it in her autobiography, simply Kids,recalling how “reading the tale of Zelda Fitzgerald by means of Nancy Milford, Iidentified together with her mutinous spirit.

Poems: New and Selected

A set of haunting lyricism that conjures up the sweetness and hassle of the agricultural South, by way of a respected American grasp of letters—the award-winning, bestselling writer of the novels Serena, anything wealthy and weird, and Above the Waterfall. during this incandescent, profound, and available assortment, cherished and award-winning poet, novelist, and short-story author Ron Rash vividly channels the rhythms of lifestyles in Appalachia, deftly shooting the panoply of people who're its center and soul—men and girls inured to misfortune and tough instances but outlined by means of great fortitude, resilience, and a fierce feel of group.

The Long Winter (Little House)

The adventures of Laura Ingalls and her family members proceed as Pa, Ma, Laura, Mary, Carrie, and little Grace bravely face the demanding iciness of 1880-81 of their little condominium within the Dakota Territory. Blizzards conceal the little city with snow, removing all offers from the surface. quickly there's virtually no nutrition left, so younger Almanzo Wilder and a pal make a perilous journey around the prairie to discover a few wheat.

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Le interrumpió los angeles señora Beever, enseñándole el paquete que tenía en el regazo. Retiró los papeles y dijo–: Permítame que le presente a esta damita. l. a. damita period grande y suntuosa; el médico los angeles tomó con reverencia. –Es espléndida, �si parece un ser humano! Me siento como un bajá turco que invirtiera en una bella circasiana. Sin duda, acerté al confiar en su gusto infalible en ausencia de mi esposa –añadió, devolviéndole l. a. muñeca–. �Tendría l. a. amabilidad de decirme cuánto le debo? –Páguelo en los angeles tienda –contestó los angeles señora Beever–. Ellos también se han fiado de mí. –¡Con l. a. misma tranquilidad que yo! –El médico se puso de pie–. Le ruego que le ofrezca el regalo junto con un beso y todo mi cariño. –¿No puede volver para dárselo usted mismo? –¿Desde cuándo doy otra cosa que medicamentos, querida señora? –De acuerdo –accedió los angeles señora Beever–. Se los angeles ofreceré con gran formalidad. Pero debo advertirle que su circasiana será ni más ni menos que los angeles cuarta –dijo, lanzando una mirada a los paquetes del banco–. Me refiero a que será los angeles cuarta muñeca que reciba hoy. El médico siguió l. a. dirección de sus ojos. –Es un buen mercado de esclavas, un harén perfecto. –Todos le regalamos una. Todos, menos Rose. –¿Y qué le regala Rose? –Nada. El médico pensó durante unos instantes. –¿No le tiene cariño? –Parece querer dejar bien claro que no tiene nada que ver con ella. El surgeon Ramage reflexionó de nuevo. –Ya veo… Eso es muy inteligente por su parte. l. a. señora Beever alzó los angeles vista desde su asiento. –¿Qué quiere decir con eso de �inteligente»? –Se lo contaré en otra ocasión. –Seguía en pie delante del banco–. �Y los angeles pobre Jean no recibe regalos? –Oh, ya los ha recibido casi todos. –Pero ninguno mío. –El médico acababa de pensar en ella por primera vez y dio media vuelta tristemente–. Me avergüenzo muchísimo. –No se preocupe –dijo los angeles señora Beever–. Tampoco Tony le ha regalado nada. El médico pareció sorprendido. –¿De veras? �Siguiendo l. a. lógica de los angeles señorita Armiger? –Su amiga shieldó silencio–. �Para indicar que no tiene nada que ver con ella? l. a. señora Beever aguardó un minuto sin contestar. –¡Tony no es calculador! –exclamó finalmente. –¡Mala cosa para un banquero! –El medical professional Ramage se echó a reír–. �Y qué le ha regalado Paul? –Tampoco le ha regalado nada… todavía. Se lo dará esta noche. –¿Y qué será? l. a. señora Beever vaciló. –No tengo ni inspiration. –Ah, �ya veo que sabe usted decir mentirijillas! –bromeó el visitante mientras se marchaba. CAPÍTULO XIV De camino a los angeles casa, el médico se cruzó con una camarera alta que acababa de salir de ella con una bandeja, que un momento más tarde depositó sobre l. a. mesa, junto a su señora. Tony Bream tenía por costumbre decir que desde los granaderos de Federico el Grande no había habido nada semejante a las camareras de l. a. reina madre, las cuales, cuando salían de maniobras, por su estatura, uniforme y precisión de movimientos, resistían l. a. comparación con aquella bold falange. Eran simultáneamente más atléticas y más discretas de lo que Tony deseaba en las personas de su sexo, y había estado siempre seguro de que los angeles extremada longitud de sus vestidos estaba determinada por los angeles de sus pies.

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